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BIOSFERA DE TEHUACÁN-CUICATLAN - DESIERTO: SÍ, ABURRIDO: NO

 

Hace veinte años se construyó la súper autopista 135D para conectar a Oaxaca con Puebla, la ciudad de México y "el mundo exterior". Desde ese momento, cada año millones de turistas viajan por este paisaje (semi)desértico único y sumamente romántico para llegar a la ciudad colonial ubicada al pie de Monte Albán (o, en la dirección opuesta, para viajar de Oaxaca a Puebla). La 135D pasa por las montañas mixtecas y atraviesa, por un tramo de varios kilómetros, la reserva de la biósfera de Tehuacán-Cuicatlán.

 

Con sus cerca de 5.000 km² de superficie, la reserva alberga una gran riqueza de especies de flora (cerca de 2,700 especies) y fauna; alrededor del 10% de las plantas y animales conocidos en México vive aquí. Cuando la gente mira los cientos de cactus en forma columnar decorando el increíble paisaje como una barba espinosa en la cara de la montaña, siente el deseo de sumergirse en esta naturaleza exótica. Sin embargo, generalmente el contacto con esta biósfera desconocida solamente se limita a unas cuantas paradas para tomar fotos.

 

A pesar de ello, quien reserve un poco de tiempo extra específicamente para la reserva Tehuacán-Cuicatlán -uno o dos días es lo más adecuado- se verá ampliamente recompensado. La "puerta de entrada" a esta reserva natural es el pequeño pueblo de Zapotitlán Salinas, en cuyos alrededores se encuentra un jardín botánico muy especial, el cual es más bien un sendero por la vegetación natural como si fuera un jardín cultivado. Rodee con sus brazos una antigua beaucarnea (conocida también como "pata de elefante") y sienta cómo corre su vida bajo su corteza llena de nudos. Después de subir por una colina, descubrirá la única parte descubierta del sitio arqueológico de Cuthá, una fortificación del extinto imperio de los Popoloca. En otra colina, cerca de Zapotitlán, largos prismas de basalto de hasta siete metros de alto son testigos de la actividad volcánica.

 

Un poco más cerca de la reserva, y un poco más lejos de la autopista, llegará a San Juan Raya, el punto de partida para un viaje por la historia de la tierra (¡!), ya que aquí hay una gran cantidad de fósiles de turritellas y otros animales marinos, o bien de sus conchas. Estos animales solían vivir aquí cuando esta zona todavía era un océano, hace 120 millones de años. Las huellas de dinosaurios son más "recientes": las huellas redondas pertenecen a los tranquilos hervíoros, mientras que las triangulares son de los rápidos carnívoros. Es curioso darse cuenta de que solamente el tiempo es lo que nos separa de estas lagartijas gigantes.


De igual forma, la vegetación actual de la biósfera sería un escenario más maravilloso si pudiéramos ver a los dinosaurios corriendo a través de la misma. En el valle de las biznagas gigantes, por ejemplo, usted se puede imaginar perfectamente estar en otro planeta, o incluso en otra era. Estos "cojines de la suegra" generalmente son redondos, pero aquí los más antiguos se transforman en espcímenes rectangulares, asemejándose a churros más grandes que un hombre. En otros lugares, hay beaucarneas más impresionantes y elegantes que entretejen sus hojas para formar una arboleda donde puede dar un agradable paseo.

 

Los que deseen hacer una "expedición por el reino animal", pueden ir a explorar los cañones, los cuales albergan a la hermosa guacamaya verde. Para quienes les interesa ver un ejemplo de cultura de tipo turismo rural, hay una visita a las minas de sal, las cuales ya se explotaban desde la era prehispánica. O tal vez hay quienes se sientan más atraídos por conocer la artesanía de palma tejida de San Pedro Atzumba o la cerámica de los artesanos de Los Reyes Metzontla. En estos talleres austeros pero muy creativos, la cerámica se fabrica básicamente siguiendo las tradiciones prehispánicas. La gente de Metzontla pertenece al grupo étnico de los Popoloca, quienes comparten la reserva de la biósfera con los mixteca, con seis otros grupos indígenas y con los mestizos.

 

La influencia cultural de los habitantes originales se manifiesta principalmente en la cocina tradicional, en donde todo aquello que puede encontrarse en el (semi)desierto y en otros (micro)climas de la biósfera es utilizado: además de las frutas y flores de los cactus, también se emplean diferentes insectos como parte de los ingredientes. Ahora bien, nosotros no le recomendamos probar esto último, pero sí le aconsejamos echarle un vistazo a la cerámica y a hacer preguntas a los artesanos cuando ellos lo permitan.

 

Conclusión: no muy lejos de la autopista entre Puebla y Oaxaca existe una zona magnífica y diversa, la cual está en espera de ser visitada por cualquier persona que tenga una "antena para estas cosas": vegetación exótica (semi)desértica, los caprichos de la naturaleza, zoología, geología, paleontología, arqueología (aunque no se ofrece "en bandeja de plata") y las creaciones artísticas de gente con diferentes formas de vida y costumbres. Este lugar definitivamente le permitirá alejarse de los senderos más transitados por el turismo de masas.

 

 

 

 


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